Conocer gente relajadaos

Ya va siendo hora de contaros cómo nos va. En el Donkey Den trabajamos cinco días a la semana y luego tenemos dos libres, nada nuevo vaya. La semana pasada tuvimos los primeros días libres y no queríamos quedarnos aquí sin hacer nada. Investigamos un poco y decidimos pasar el jueves y viernes en Puerto López y pasar por la playa de Los Frailes que tanto nos habían recomendado porque estaba de camino. Tuvimos la suerte de estar en el turno de mañana el miércoles, así que cuando terminamos a las 12, metimos un par de cosas en la mochila y cogimos la furgoneta a Manta. Así que entramos. Yo conseguí dormirme un ratito, y cuando me desperté, la siguiente película estaba empezando.

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El resto, tierra quemada. O torrefactada. Si habéis viajado por el país aproximado y sois adicto al buen café como un servidor os habréis fijado que no falla: pidas donde pidas un espresso, ya sea en una cafetería de postín del Chiado lisboeta o en un tugurio rural en medio del Alentejo, te lo sirven como debe ser: en una bernegal estrecha y alta, con su grasa, con su dosis justa de acritud, con su amargor contenido, con perfume a café y no a torrefacto quemado. Pasa igual en Italia: denial hay café malo. Soy adicto a él, pero no experto. Así que le he preguntado a una buena amiga, Ana Lorente, periodista especializada en temas culinarios, ex-directora de una gaceta sobre café ya desaparecida y en la actualidad copropietaria de la editorial especialidad en gastronomía A Punto. Estas son sus razones: 1. A quien hace un café debería de gustarle el café, tomarlo y sentirlo.

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